Papeleras, minas y demás
Todas las industrias y plantas procesadoras generan residuos y/o efectos indeseables, sean olores, humo, ruido, radiaciones, etc.
Por regla general, hay legislación que determina los niveles mínimos inadmisibles de ser transferidos al ambiente externo.
Las empresas o instituciones cumplen o no las normas específicas en función de sus propias valoraciones, las más de las veces de carácter económico.
Además del costo de las instalaciones, equipos, insumos, personal y todo lo necesario para cumplirlas, ponderan también el costo de eventuales sanciones, sumando los gastos de litigio, las multas, seguros, indemnizaciones, etc.
Lamentablemente a menudo suman el monto de las coimas a los inspectores o funcionarios ó, más elegantemente, la factura de los "lobbyistas" encargados de conseguir excepciones, permisos, postergaciones o normas favorecedoras.
Ante la necesidad de revertir y limitar el proceso de degradación ambiental sin renegar de los beneficios de la industrialización, medibles en calidad de vida por el uso y disfrute de los bienes generados y en salarios calificados y patentes incluidos en el valor agregado, son necesarias iniciativas que contemplen ambas realidades.
Por ejemplo, obligar a tercerizar los sistemas de tratamiento de efluentes y residuos, por zonas, como se hace en los parques industriales, o por planta cuando el tamaño o el aislamiento lo exijan.
Sería un servicio público más, como el de las cloacas, pero a nivel industrial, no dependería de la voluntad de las empresas y su eficacia obviamente provendría de la probidad de la administración a cargo y la modalidad de su ejecución, como cualquier otra obligación en pos del interés público.
Por regla general, hay legislación que determina los niveles mínimos inadmisibles de ser transferidos al ambiente externo.
Las empresas o instituciones cumplen o no las normas específicas en función de sus propias valoraciones, las más de las veces de carácter económico.
Además del costo de las instalaciones, equipos, insumos, personal y todo lo necesario para cumplirlas, ponderan también el costo de eventuales sanciones, sumando los gastos de litigio, las multas, seguros, indemnizaciones, etc.
Lamentablemente a menudo suman el monto de las coimas a los inspectores o funcionarios ó, más elegantemente, la factura de los "lobbyistas" encargados de conseguir excepciones, permisos, postergaciones o normas favorecedoras.
Ante la necesidad de revertir y limitar el proceso de degradación ambiental sin renegar de los beneficios de la industrialización, medibles en calidad de vida por el uso y disfrute de los bienes generados y en salarios calificados y patentes incluidos en el valor agregado, son necesarias iniciativas que contemplen ambas realidades.
Por ejemplo, obligar a tercerizar los sistemas de tratamiento de efluentes y residuos, por zonas, como se hace en los parques industriales, o por planta cuando el tamaño o el aislamiento lo exijan.
Sería un servicio público más, como el de las cloacas, pero a nivel industrial, no dependería de la voluntad de las empresas y su eficacia obviamente provendría de la probidad de la administración a cargo y la modalidad de su ejecución, como cualquier otra obligación en pos del interés público.
Labels: contaminación, medio ambiente

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