Ojos por ojos
Cuando se les cambia el nombre a las cosas, sospechamos que se lo hace o por un sentido de "aggiornamiento marketinero" para vender lo de siempre con una apariencia nueva o para que no reconozcamos un significado con connotaciones negativas.
En el discurso diplomático, en el político, en el religioso, en el mafioso, sobran los ejemplos sobre cómo llamar a las cosas de otro modo de manera que la amenaza no suene a tal, la descalificación parezca una lisonja o el insulto una broma.
En el ámbito académico especializado en la ciencia política y especialmente en temas de defensa se puede encontrar un término técnico que precede a alguna sugerencia para disponer la ejecución de tal concepto. La palabra es "retaliación".
Su origen etimológico es "venganza" y se lo emplea para definir las medidas de respuesta ante una agresión de origen externo.
Aplicada a sucesos criminales la civilización fue imponiendo primero la idea y luego ajustando las leyes para la aplicación de un instituto superador como es la Justicia.
En la medida de lo posible, se fueron instrumentando mecanismos internacionales de superación de conflictos, pero está visto que el uso de la fuerza de ninguna manera quedó relegado y se suceden los enfrentamientos bélicos en lugares distantes y con diversa magnitud y persistencia.
Los gobiernos cuentan con fuerzas armadas, ministerios y cancillerías que evalúan la posibilidad de sufrir algún tipo de agresión externa o de tener que apelar a la fuerza para la protección de vidas o bienes de interés propio.
En función de las evidencias o indicios conque cuenten recomiendan a sus gobiernos las medidas preventivas e iniciativas a tomar en el ámbito militar y las acciones diplomáticas del caso, en que se esgrimirá la justicia de la causa.
Por eso no se entiende, salvo para quienes arguyen mandatos divinos, que se arguya la necesidad de contar con fuerzas capaces de llevar a cabo acciones de "retaliación", léase venganza, en caso de sufrir alguna agresión, ya que lo que corresponde es la justa reacción para recomponer el estado de cosas o la respuesta suficiente para suprimir el aparato militar enemigo. Está visto que entre contendientes con acusaciones ancentrales mutuas la represalia vengativa sólo da lugar a reacciones sucesivas de realimentación continua.
Las concepciones políticas del área de defensa incluyen ciertamente componentes de índole militar sobre el que se habla con lógica prudencia, pero corresponde desenmascarar los discursos para que no nos tomen por sorpresa.
En el discurso diplomático, en el político, en el religioso, en el mafioso, sobran los ejemplos sobre cómo llamar a las cosas de otro modo de manera que la amenaza no suene a tal, la descalificación parezca una lisonja o el insulto una broma.
En el ámbito académico especializado en la ciencia política y especialmente en temas de defensa se puede encontrar un término técnico que precede a alguna sugerencia para disponer la ejecución de tal concepto. La palabra es "retaliación".
Su origen etimológico es "venganza" y se lo emplea para definir las medidas de respuesta ante una agresión de origen externo.
Aplicada a sucesos criminales la civilización fue imponiendo primero la idea y luego ajustando las leyes para la aplicación de un instituto superador como es la Justicia.
En la medida de lo posible, se fueron instrumentando mecanismos internacionales de superación de conflictos, pero está visto que el uso de la fuerza de ninguna manera quedó relegado y se suceden los enfrentamientos bélicos en lugares distantes y con diversa magnitud y persistencia.
Los gobiernos cuentan con fuerzas armadas, ministerios y cancillerías que evalúan la posibilidad de sufrir algún tipo de agresión externa o de tener que apelar a la fuerza para la protección de vidas o bienes de interés propio.
En función de las evidencias o indicios conque cuenten recomiendan a sus gobiernos las medidas preventivas e iniciativas a tomar en el ámbito militar y las acciones diplomáticas del caso, en que se esgrimirá la justicia de la causa.
Por eso no se entiende, salvo para quienes arguyen mandatos divinos, que se arguya la necesidad de contar con fuerzas capaces de llevar a cabo acciones de "retaliación", léase venganza, en caso de sufrir alguna agresión, ya que lo que corresponde es la justa reacción para recomponer el estado de cosas o la respuesta suficiente para suprimir el aparato militar enemigo. Está visto que entre contendientes con acusaciones ancentrales mutuas la represalia vengativa sólo da lugar a reacciones sucesivas de realimentación continua.
Las concepciones políticas del área de defensa incluyen ciertamente componentes de índole militar sobre el que se habla con lógica prudencia, pero corresponde desenmascarar los discursos para que no nos tomen por sorpresa.

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