Pequeño Contramanual de Economía - Nota 5
Hay una expresión imprescindible para que puedan funcionar las ecuaciones formuladas por los ortodoxos y es "ceteris paribus", que significa que el resto de las variables no se modifican.
Proponen a los estudiantes un ejercicio del tipo "el pollo disminuye el precio en x% mientras que la milanesa sube el y%, determine el desplazamiento de la oferta".
Los alumnos sacan sus calculadoras trazan las curvas en los correspondientes gráficos de coordenadas y son calificados de acuerdo a la corrección de las cuentas.
Por supuesto que no tienen que preocuparse si acaban de despedir al 20% de la población activa del pueblo para trasladar la factoría a Uzbekistán o si está próxima la Navidad y la gente está de ánimo festivo. Aplican el principio "ceteris paribus" y todos contentos, el modelo de papel queda perfecto.
Situación parecida se da cuando se pretende ilustrar la conducta de las empresas. No se tiene en cuenta si se trata de una multinacional a la que no le importa nada más que el resultado global o de un productor individual adicto al juego y al que nunca le alcanzan sus ingresos, cuando es en estas circunstancias en las que hay que fijarse para comprender las causas de muchas de las variaciones de precios.
Tenemos que preguntarnos las razones por las que se insiste en la utilización de modelos matemáticos. Es claro que se busca usufructuar el prestigio de exactitud y rigurosidad del cálculo que aporta la matemática para adornar sus teorías.
Nos dicen que sus propuestas son las que funcionarían si todo el mundo fue uniformemente un mercado de competencia perfecta, para lo cual desestiman principios básicos como la falta de información completa por parte de los protagonistas o las asimetrías en sus capacidades de poder e influencia.
Es obvio que aquel que más conozca sobre las variables que afecten sus intereses más puede anticiparse para estar mejor posicionado en el nuevo escenario y por regla general los más necesitados son los que más ignoran.
Además, es normal que quienes tienen conocimiento amplio también tienen el poder de influir sobre otros decisores, sean gobiernos o corporaciones.
Cámaras sectoriales, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, cultos, partidos políticos, participan de las decisiones en que se dictan encuadramientos arancelarios, se establecen promociones regionales, se incrementan o disminuyen alícuotas impositivas, se autorizan modificaciones contractuales, se establecen tasas de interés, etc., y estas modificaciones dan por tierra con las rigideces de los esquemas prestablecidos.
Los agentes participantes en los mercados ejercen poder o sufren el poder de los demás, la variable precio también participa en las decisiones, pero va detrás.
Proponen a los estudiantes un ejercicio del tipo "el pollo disminuye el precio en x% mientras que la milanesa sube el y%, determine el desplazamiento de la oferta".
Los alumnos sacan sus calculadoras trazan las curvas en los correspondientes gráficos de coordenadas y son calificados de acuerdo a la corrección de las cuentas.
Por supuesto que no tienen que preocuparse si acaban de despedir al 20% de la población activa del pueblo para trasladar la factoría a Uzbekistán o si está próxima la Navidad y la gente está de ánimo festivo. Aplican el principio "ceteris paribus" y todos contentos, el modelo de papel queda perfecto.
Situación parecida se da cuando se pretende ilustrar la conducta de las empresas. No se tiene en cuenta si se trata de una multinacional a la que no le importa nada más que el resultado global o de un productor individual adicto al juego y al que nunca le alcanzan sus ingresos, cuando es en estas circunstancias en las que hay que fijarse para comprender las causas de muchas de las variaciones de precios.
Tenemos que preguntarnos las razones por las que se insiste en la utilización de modelos matemáticos. Es claro que se busca usufructuar el prestigio de exactitud y rigurosidad del cálculo que aporta la matemática para adornar sus teorías.
Nos dicen que sus propuestas son las que funcionarían si todo el mundo fue uniformemente un mercado de competencia perfecta, para lo cual desestiman principios básicos como la falta de información completa por parte de los protagonistas o las asimetrías en sus capacidades de poder e influencia.
Es obvio que aquel que más conozca sobre las variables que afecten sus intereses más puede anticiparse para estar mejor posicionado en el nuevo escenario y por regla general los más necesitados son los que más ignoran.
Además, es normal que quienes tienen conocimiento amplio también tienen el poder de influir sobre otros decisores, sean gobiernos o corporaciones.
Cámaras sectoriales, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, cultos, partidos políticos, participan de las decisiones en que se dictan encuadramientos arancelarios, se establecen promociones regionales, se incrementan o disminuyen alícuotas impositivas, se autorizan modificaciones contractuales, se establecen tasas de interés, etc., y estas modificaciones dan por tierra con las rigideces de los esquemas prestablecidos.
Los agentes participantes en los mercados ejercen poder o sufren el poder de los demás, la variable precio también participa en las decisiones, pero va detrás.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home